Ningún ser humano es ilegal

Ensayo y declaración pública de Border Crossing Law Firm sobre el lenguaje, la dignidad y la inmigración, y por qué «extranjero ilegal» es un término inexacto.

«Ustedes, a quienes llaman extranjeros ilegales, deben saber que ningún ser humano es ilegal. Esa es una contradicción de términos. Los seres humanos pueden ser hermosos o más hermosos, pueden ser gordos o delgados, pueden tener razón o estar equivocados, pero ¿ilegales? ¿Cómo puede un ser humano ser ilegal?» Elie Wiesel, escritor, ganador del Premio Nobel de la Paz y sobreviviente del Holocausto.

Es raro poder entrar en una conversación sobre inmigración sin escuchar el término "extranjero ilegal" o referencias a los inmigrantes indocumentados simplemente como "ilegales". Nuestro discurso cotidiano ha llegado a aceptar estas expresiones, a pesar de que son sumamente inexactas y peyorativas. Ya sea de manera intencional o accidental, su uso ha moldeado la opinión pública sobre la política migratoria. Por supuesto, no todas las personas que emplean estos términos pretenden imponer a los inmigrantes indocumentados el estigma que esas expresiones conllevan. Por eso, el propósito de este editorial es explicar por qué debemos eliminarlas de nuestro discurso.

"Extranjero ilegal" no es un término jurídico definido en ninguna parte de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. La ley sí define el término "extranjero" como toda persona que no sea ciudadana ni nacional de los Estados Unidos; es decir, una persona no ciudadana. Tiene poco sentido llamar a alguien "no ciudadano ilegal". Del mismo modo, tendría poco sentido llamar "ciudadano ilegal" a una persona condenada por un delito.

Cuando alguien se refiere a un inmigrante como "extranjero ilegal", está usando la expresión como sustantivo. En efecto, está diciendo que la persona, y no las acciones que haya realizado, es ilegal. La expresión "extranjero ilegal" implica que la existencia misma de una persona es delictiva. No conozco ninguna otra circunstancia en nuestro lenguaje común en la que se considere que un delito vuelve ilegal a la persona, en vez de calificar como ilegal la conducta de esa persona. Ni siquiera llamamos "ilegales" a los delincuentes más peligrosos y despreciables.

Para algunas personas, el uso de la expresión "extranjero ilegal" probablemente se basa en la idea equivocada de que la mera presencia de un inmigrante en los Estados Unidos constituye un delito. Aunque el acto de entrar al país sin inspección es un delito menor federal y, para quienes reinciden, podría constituir un delito grave, el hecho de permanecer en los Estados Unidos sin visa no es una infracción penal continua.

Además, se calcula que casi la mitad de las personas indocumentadas en los Estados Unidos entraron legalmente, pero permanecieron después del vencimiento de sus visas. Esas personas no cometieron ningún delito penal. Su presencia en los Estados Unidos después de perder su estatus constituye una infracción civil, no un delito penal.

Convertir en delito la presencia en el país sin visa equivaldría a crear un "delito de condición". Un delito de condición se basa en que la persona tiene una determinada condición personal o una característica específica, en vez de basarse en una acción u omisión que viole la ley. Un ejemplo común es la vagancia: si una ley declarara ilegal la falta de vivienda, la condición de no tener hogar se volvería delictiva. Nuestros tribunales aciertan al examinar con mayor rigor las infracciones basadas en una condición, porque su creación restringe las libertades personales y plantea importantes preocupaciones de debido proceso.

A lo largo de los años, activistas antiinmigrantes han propuesto criminalizar la presencia de los millones de inmigrantes que viven aquí sin documentación. Esos intentos han fracasado porque nuestros legisladores han reconocido que las fuerzas sociales, económicas y políticas suelen desplazar a los inmigrantes y obligarlos a venir a los Estados Unidos. Convertir en delincuentes federales a las personas que se encuentran en el país bajo estas circunstancias ignoraría sus derechos humanos fundamentales.

Al usar la expresión "extranjero ilegal" para referirse a quienes no tienen una visa o un formulario I-94 que demuestre su entrada legal a los Estados Unidos, quien habla pretende atribuirles culpabilidad antes de que un juez examine las pruebas y determine su estatus. Un principio fundamental de nuestro sistema jurídico es que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. El mismo principio se aplica a los procedimientos de expulsión ante el tribunal de inmigración, y el Gobierno tiene la carga de demostrar que existen fundamentos para la expulsión.

Cuando se arresta a personas acusadas de delitos de cuello blanco, procuramos llamarlas "acusadas" y aclaramos que las imputaciones del Gobierno son solamente "alegaciones". Sin embargo, cuando los periódicos informan sobre operativos migratorios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), los titulares suelen repetir las cifras de ICE sobre el número de "extranjeros ilegales" arrestados. En la práctica, los medios condenan a estas personas antes de que comience el juicio. Los agentes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) suelen aprovecharse plenamente de esta situación, en perjuicio de los inmigrantes que, como resultado, quedan injustamente estigmatizados.

El uso irresponsable de la expresión "extranjero ilegal" no resiste la complejidad de nuestras leyes migratorias. Los abogados de inmigración suelen descubrir que sus clientes, muchos de los cuales creían encontrarse en el país sin estatus, en realidad son ciudadanos o tienen derecho a ajustar su estatus para convertirse en residentes permanentes legales. Quienes no tengan formación especializada en derecho migratorio deberían evitar emitir juicios precipitados sobre asuntos que no conocen.

Además, la expresión es imprecisa y se utiliza para abarcar a personas que se encuentran en los Estados Unidos bajo circunstancias muy distintas. Algunas son traídas contra su voluntad, como las víctimas de trata de personas. Otras llegan con visas válidas, pero luego pierden su estatus. Por ejemplo, muchas víctimas de violencia doméstica tienen un estatus legal que depende del patrocinio continuo de la persona que las maltrata. Algunas personas están aquí bajo el estatus de protección temporal debido a conflictos en su país de origen, pero pierden ese estatus cuando nuestro Gobierno pone fin a su protección. Reunir bajo la etiqueta de "ilegales" a todos los inmigrantes que carecen de estatus es una simplificación excesiva.

Para muchas personas, la expresión "extranjero ilegal" cumple un propósito completamente distinto. Como señala David Bacon en su libro "Illegal People: How Globalization Creates Immigration and Criminalizes Immigrants", el término se utiliza como una herramienta divisiva para definir el estrato social al que algunas personas creen que deben quedar confinados los inmigrantes indocumentados. Sirve para distinguir entre quienes tienen papeles y quienes no, y para afianzar la idea de que las personas "ilegales" deberían tener menos derechos y privilegios. En pocas palabras, la expresión es una herramienta eficaz en la antigua lucha de desigualdad entre quienes tienen y quienes no tienen.

La expresión "extranjero ilegal" se ha utilizado para deshumanizar a los inmigrantes y alejarnos de verlos como seres humanos. Para algunas personas, esto puede funcionar como un mecanismo de defensa que les permite evitar sentir empatía por los inmigrantes indocumentados, muchos de los cuales son separados de sus hijos o de sus seres queridos cuando son deportados. Sin embargo, Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto y ganador del Premio Nobel de la Paz, afirmó sabiamente que "ningún ser humano es ilegal". Todos debemos reconocer este ideal y evitar el uso de la expresión "extranjero ilegal".